Por

P. Vicente Taji, SVD

(Coordinador de la Animación Bíblica de la Provincia SVD Chile y párroco de la Parroquia Espíritu Santo de Iquique)

Iquique, 6 de septiembre de 2026.
Con espíritu de fraternidad, fe y encuentro, la comunidad de la Parroquia Espíritu Santo de Iquique celebró el Día Nacional del Migrante y Refugiado 2026 , una jornada que puso en el centro la dignidad de cada persona, la unidad de las familias y la riqueza que nace del encuentro entre culturas.

La celebración se realizó bajo el lema « Promover la unidad de las familias, es construir esperanza para todos» , propuesto este año por el Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI). En Chile, esta jornada se celebra cada primer domingo de septiembre y busca fortalecer la acogida y el acompañamiento pastoral de las personas migrantes y refugiadas.

La Santa Misa, presidida por Mons. Isauro Covili , junto al equipo diocesano de INCAMI , reunió a familias y representantes de diversas comunidades y nacionalidades que hoy forman parte de la vida de la Iglesia y de la sociedad iquiqueña.

La celebración tuvo un significado especialmente profundo: la Iglesia se reconoce como una casa donde nadie debería sentirse extranjero , porque todos somos peregrinos en camino y hermanos llamados a construir una sociedad donde la diversidad no sea motivo de división, sino una oportunidad para enriquecernos mutuamente.

Después de la Eucaristía, la fe se hizo cultura

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue la Muestra de Culturas , realizada en el patio parroquial. Las distintas comunidades compartieron sus tradiciones a través de danzas, música, vestimentas típicas y gastronomía , convirtiendo el encuentro en una verdadera fiesta de fraternidad.

Los colores de las banderas, los ritmos, los sabores y las expresiones culturales recordaron que migrar no significa dejar atrás la propia identidad. Al contrario, cada persona trae consigo una historia, una memoria, una cultura y una esperanza que puede enriquecer la comunidad que la recibe.

En una ciudad como Iquique, marcada históricamente por el encuentro de pueblos y culturas, esta celebración adquiere un especial significado. La parroquia se transforma así en un espacio donde las diferencias pueden encontrarse, dialogar y convertirse en comunión.

Una Iglesia que acoge y acompaña

El lema de este año nos invita a mirar una realidad fundamental: cuando una familia migrante logra permanecer unida, se fortalece también la comunidad que la acoge. INCAMI ha destacado precisamente la importancia de la reunificación familiar y del acompañamiento integral de las personas migrantes y refugiadas.

Desde la perspectiva cristiana, acoger al migrante no es solamente realizar una acción solidaria; es reconocer en el otro el rostro de Cristo . El Evangelio nos recuerda que la fraternidad no conoce fronteras y que la dignidad humana está por encima de nacionalidades, documentos, culturas o condiciones sociales.

Por eso, esta celebración deja una invitación concreta: pasar de la tolerancia a la fraternidad, de la indiferencia a la acogida y del miedo al encuentro.

Construir esperanza entre todos

El Día Nacional del Migrante y Refugiado nos recuerda que todos, de alguna manera, somos peregrinos. Todos buscamos un lugar donde sentirnos acogidos, una comunidad donde podamos aportar nuestros dones y una familia donde podamos experimentar que pertenecemos.

La jornada vivida en la Parroquia Espíritu Santo fue, por ello, mucho más que una actividad pastoral: fue un signo de esperanza y comunión.

Porque cuando una comunidad abre sus puertas, cuando una familia es acogida, cuando una cultura es valorada y cuando las diferencias se convierten en motivo de encuentro, la Iglesia hace visible el rostro misericordioso de Dios.

Promover la unidad de las familias es construir esperanza para todos. Y construir esperanza significa caminar juntos, como una sola comunidad, reconociendo que nuestras diferencias no nos separan: nos enriquecen.