por
P. Leo Jesus Leto, SVD
La mesa preparada para compartir un plato de comida se convirtió también en un signo visible de acogida, fraternidad y comunión. El 18 de agosto, la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Entre Lagos celebró una significativa jornada con motivo del Día de la Caridad, en el marco de la fiesta de san Alberto Hurtado y del Mes de la Solidaridad.

La celebración reunió a la comunidad alrededor de dos mesas profundamente vinculadas en la vida cristiana: la mesa de la Eucaristía y la mesa del pan compartido. Ambas expresaron una misma experiencia de fe, pues el encuentro con Cristo en la celebración eucarística invita necesariamente a reconocerlo y servirlo en cada hermano, especialmente en quienes atraviesan situaciones de pobreza, abandono o necesidad.
La jornada comenzó con la celebración de la Santa Misa. Reunida en torno al altar, la comunidad elevó su oración a Dios y dio gracias por el testimonio de san Alberto Hurtado, cuya vida continúa iluminando el camino de la Iglesia en Chile. La Eucaristía permitió recordar que la caridad cristiana tiene su fuente en el amor de Dios y se manifiesta concretamente en la capacidad de compartir, servir y caminar junto a los demás.

Después de participar en la mesa eucarística, los asistentes se reunieron alrededor de una mesa fraterna para compartir un plato de comida. Este gesto sencillo, pero profundamente significativo, permitió encontrarse como hermanos y experimentar que la solidaridad también se construye mediante la cercanía, la escucha, la acogida y la alegría de compartir.
No se trató solamente de entregar alimentos, sino de crear un espacio donde cada persona pudiera sentirse recibida y valorada. Cuando una comunidad comparte su pan, comparte también su tiempo, su presencia y su esperanza. De esta manera, la comida compartida se transformó en una expresión concreta de la caridad cristiana y en un signo de que nadie debe sentirse excluido de la mesa común.
La celebración estuvo profundamente inspirada en la vida y el legado de san Alberto Hurtado. Como sacerdote, dedicó su ministerio al servicio de los hermanos pobres y de los niños abandonados, haciendo visible el amor de Cristo en medio de las situaciones de sufrimiento e injusticia que conoció en su tiempo.

Su ejemplo continúa interpelando a la Iglesia y a la sociedad chilena. San Alberto Hurtado comprendió que la fe no podía permanecer encerrada en palabras, sino que debía traducirse en acciones concretas de amor, justicia y solidaridad. Su vida fue una respuesta generosa al llamado de Cristo presente en los más vulnerables.
Celebrar el Día de la Caridad en el contexto del Mes de la Solidaridad significa, por tanto, renovar el compromiso de mirar la realidad con los ojos de Jesús. Significa aprender a reconocer el rostro de Cristo en quienes tienen hambre, están solos, sufren o necesitan una mano fraterna que los acompañe.
La experiencia vivida en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima recordó que la solidaridad no debe limitarse a una fecha determinada. Debe convertirse en una actitud permanente y en una forma concreta de vivir el Evangelio dentro de la familia, la comunidad parroquial y la sociedad.

En torno a la Misa y a la mesa, los participantes pudieron compartir la fe, la oración y el alimento. De este modo, la jornada fortaleció los vínculos comunitarios y renovó la invitación a construir una comunidad en la que todos puedan sentirse acogidos como hijos de Dios y hermanos entre sí.
El Día de la Caridad celebrado en Entre Lagos dejó un mensaje sencillo y profundo: cada vez que compartimos lo que somos y lo que tenemos, el amor de Cristo se hace presente entre nosotros. Allí donde el pan se reparte con generosidad, la mesa se amplía para recibir al hermano y la fe se transforma en servicio, nace también una esperanza nueva.
«Cada vez que compartimos nuestro pan, Cristo se sienta a la mesa con nosotros».
San Alberto Hurtado
Fuente: Facebook de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Entre Lagos.




