Por
P. Leo Jesus Leto, SVD
La mañana del sábado 15 de agosto de 2026 debía ser una jornada de profunda alegría para la comunidad del Seminario Mayor San Pablo de Ledalero, en Maumere. Allí, 27 seminaristas de la Congregación del Verbo Divino (SVD) se preparaban para profesar sus votos perpetuos, mediante los cuales consagrarían definitivamente sus vidas a Dios, a la vida religiosa y a la misión.
Sin embargo, pocos momentos antes de comenzar la celebración eucarística, la tierra de Flores fue violentamente sacudida. Alrededor de las 05:58 horas, un terremoto de magnitud 7,7 afectó la isla de Flores. El fuerte movimiento telúrico, ocurrido al amanecer, provocó temor entre la población, ocasionó daños en diversas edificaciones y obligó a numerosas personas a abandonar sus hogares para buscar lugares más seguros.
El sismo también causó daños en el auditorio Santo Tomás de Aquino de Ledalero, recinto donde habitualmente se realizan conferencias, seminarios, representaciones teatrales y grandes celebraciones eucarísticas, entre ellas la profesión de votos perpetuos de los seminaristas SVD. El altar, las sillas y los distintos elementos litúrgicos ya habían sido cuidadosamente dispuestos. Asimismo, las familias de quienes profesarían, junto con sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, se encontraban preparados para acompañar este significativo momento.
No obstante, la seguridad de los participantes pasó a ser la principal preocupación. Ante la posibilidad de nuevas réplicas, la celebración de los votos perpetuos debió trasladarse desde el interior del aula hasta un espacio abierto en los alrededores del Seminario Mayor San Pablo de Ledalero. El cambio de lugar se realizó con rapidez, mientras todavía persistía un ambiente de preocupación e incertidumbre.
Aunque la tierra continuaba temblando, la fe de la comunidad del Seminario Mayor San Pablo permaneció firme. En un espacio abierto, bajo el cielo de una isla de Flores que lloraba la muerte de las víctimas y contemplaba los daños causados por el terremoto, los 27 seminaristas SVD avanzaron con decisión para pronunciar sus promesas definitivas ante Dios, la Iglesia y la Congregación del Verbo Divino. De este modo, profesaron para toda la vida los votos religiosos de castidad, pobreza y obediencia, comprometiéndose a vivir como testigos de Cristo allí donde la misión los conduzca.
Para la Congregación del Verbo Divino, la profesión perpetua constituye la culminación de un largo proceso de formación humana, espiritual, comunitaria, académica y misionera. Mediante estos votos, el religioso SVD se entrega plenamente a Dios y se incorpora de manera definitiva a la vida y misión de la Congregación.
Por esta razón, la profesión perpetua no constituye simplemente una celebración eucarística más, sino que expresa una decisión existencial: la elección libre y consciente de confiar todo el presente y el futuro de la propia vida a la voluntad y a la conducción de Dios Uno y Trino.
Aquella mañana, el significado de esta entrega adquirió una profundidad todavía mayor. Los seminaristas no profesaron sus votos en un ambiente de completa seguridad y tranquilidad, sino sobre una tierra que acababa de estremecerse y en medio de un pueblo profundamente herido.
La celebración de la profesión perpetua en estas circunstancias les recordó que el camino vocacional tras las huellas de Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, no siempre transcurre dentro de espacios seguros. En algunas ocasiones, la vocación se confirma precisamente cuando aquello que parecía firme comienza a tambalearse. Como expresó san Arnoldo Janssen, fundador de la Congregación del Verbo Divino: «Sobre estas ruinas debe comenzar algo nuevo».
Después de concluir sus estudios de Teología y recibir la ordenación sacerdotal, estos seminaristas serán enviados a distintos países para desarrollar la misión de la Congregación del Verbo Divino. Uno de ellos será destinado a Chile.
Para la Provincia SVD de Ende, el 15 de agosto posee un significado muy especial. Cada año, coincidiendo con la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María, se realiza la profesión de votos perpetuos de seminaristas y hermanos religiosos. Los seminaristas suelen profesar en el Seminario Mayor San Pablo de Ledalero, mientras que los hermanos lo hacen en el Convento San Conrado, en Ende.
La elección de esta solemnidad mariana posee un profundo sentido espiritual. María es modelo de quien se entrega enteramente a la voluntad de Dios. Con sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra», abrió completamente su existencia al plan de salvación.
Esa misma disposición de entrega es la que los seminaristas y hermanos religiosos desean vivir al profesar sus votos perpetuos: confiar sus vidas a Dios y permanecer disponibles para servir a su pueblo, especialmente en los lugares donde más se necesite su presencia misionera.
Ledalero, una histórica casa de formación misionera
La celebración tuvo lugar en una institución que posee una extensa trayectoria en la formación de misioneros. El Seminario Mayor San Pablo de Ledalero fue erigido canónicamente el 20 de mayo de 1937 como casa de formación para candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa misionera dentro de la Congregación del Verbo Divino.
Con el paso del tiempo, Ledalero llegó a ser reconocido como una de las casas de formación SVD más grandes del mundo. De sus aulas y comunidades han surgido miles de sacerdotes misioneros que actualmente prestan servicio en distintos países y continentes.

(Templo del Seminario Mayor San Pablo, en Ledalero, isla de Flores, Indonesia)
Los terremotos no constituyen una experiencia completamente desconocida para la comunidad de Ledalero. El 12 de diciembre de 1992, un fuerte terremoto seguido de un tsunami devastó gran parte de Flores y también ocasionó importantes daños en el complejo del Seminario Mayor San Pablo. Aquella tragedia impulsó posteriormente transformaciones en el sistema y en el modelo de formación de los futuros sacerdotes.
Flores, tierra de una profunda tradición católica
Ledalero se encuentra en la isla de Flores, un territorio estrechamente relacionado con la historia del catolicismo en Indonesia. El nombre «Flores» procede de la expresión portuguesa Cabo de Flores, que significa «Cabo de las Flores». Inicialmente, los navegantes portugueses utilizaron esta denominación para referirse a la zona oriental de la isla, pero con el tiempo comenzó a emplearse para designar a todo el territorio insular.
La presencia portuguesa, iniciada durante el siglo XVI, también abrió el camino para la llegada de la fe católica por medio de los misioneros, especialmente de la Orden de Predicadores —los dominicos, quienes desarrollaron su labor evangelizadora en Solor, Larantuka y la zona oriental de Flores.
Las primeras semillas de la fe católica continuaron creciendo y, posteriormente, se extendieron con mayor fuerza gracias al servicio de diversas congregaciones religiosas. Entre ellas se encuentra la Congregación del Verbo Divino, cuyos misioneros comenzaron a trabajar en Flores a comienzos del siglo XX.
En la actualidad, Flores es reconocida como uno de los principales centros de la fe católica en Indonesia. Diversas investigaciones señalan que más del 90 % de sus habitantes profesa la fe católica. Esta arraigada tradición religiosa ha permitido que Flores sea conocida ampliamente como la «isla católica» de Indonesia.
En medio del dolor provocado por el terremoto, la profesión perpetua de estos 27 seminaristas se transformó en un signo concreto de esperanza. La tierra tembló, los edificios resultaron dañados y la celebración debió cambiar de lugar; sin embargo, la decisión de entregar sus vidas a Dios y a la misión permaneció firme. Sobre una tierra herida, pero sostenidos por la fe, estos jóvenes misioneros pronunciaron para siempre su «sí» a Dios.




