Domingo 18° durante el año: 2 de agosto 2026

Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida. Mas Jesús les dijo: No tienen por qué marcharse; denles ustedes de comer. Le dicen ellos: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. Él dijo: Tráiganmelos acá. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mateo 14,13-21)

Referencias bíblicas

– Él, entonces, les dice: Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer. Él les contestó: Denles ustedes de comer. Ellos le dicen: ¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dice: ¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver. Después de haberse cerciorado, le dicen: Cinco, y dos peces. Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres. (Marcos 6,31-44)

– Cuando los apóstoles regresaron le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida. Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar y, acercándose los Doce, le dijeron: Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado. Él les dijo: Denles ustedes de comer. Pero ellos respondieron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente. Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: Hagan que se acomoden por grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos. (Lucas 9,10-17)

– Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían los signos que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.  Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: ¿Dónde procuraremos panes para que coman? Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos? Dijo Jesús: Hagan que se recueste la gente. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: Recojan los trozos para que nada se pierda. Los recogieron y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron. (Juan 6,1-13)

– Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino. Le dicen los discípulos: ¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande? Les dice Jesús: ¿Cuántos panes tienen? Ellos dijeron: Siete, y unos pocos peces. Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. Y los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mateo 15,32-38)

– Un hombre de Baal Salisá llegó trayendo al hombre de Dios primicias de pan, veinte panes de cebada y grano fresco en espiga. Eliseo dijo: Dáselo a la gente y que coman. Su servidor replicó: ¿Cómo voy a poner esto delante de cien hombres? Él dijo: Dáselo a la gente y que coman, porque así dice Yahvé: Comerán y sobrará. Lo puso ante ellos, comieron y dejaron todavía sobras, conforme a la palabra de Yahvé. (2 Reyes 4,42-44)

– Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. (Mateo 4,12)

– Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9,36)

– ¿Aún no comprenden, ni se acuerdan de los cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogieron? (Mateo 16,9)

– Así, pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes o lo que haya. (1 Samuel 21,4)

– A ti levanto mis ojos, tú que habitas en el cielo. (Salmo 123,1)

– Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: Padre, te doy gracias por haberme escuchado. (Juan 11,41)

– Así habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. (Juan 17,1)

Comentario

El relato de la primera multiplicación de los panes, se encuentra en la sección narrativa del cuarto libro del evangelio de Mateo, que trata del nuevo pueblo de Dios y de cómo la comunidad de los seguidores de Jesús debía vivir la justicia del Reino. Enviado por Dios, Jesús era capaz de sanar toda enfermedad y de saciar hasta el hambre más profunda. Si era así, él podía satisfacer toda necesidad humana y podía ofrecer a todas las personas una perspectiva nueva de vida plena. Mateo tiene un segundo relato de la multiplicación de los panes (15,32-39) en un contexto diferente, pues los beneficiados, esta vez, eran paganos. Jesús había venido a salvar a todo el mundo, sin excepciones.

Conviene tener presente los gestos que realizó Jesús en la parte central del texto de la multiplicación de los panes (14,19). Los panes, no sólo fueron presentados a Jesús, sino que él los tomó y los hizo suyos. El levantar los ojos al cielo reflejaba la íntima relación de Jesús con su Padre y el origen último de su acción salvadora. La bendición era una oración de alabanza y de acción de gracias por todos los beneficios recibidos de Dios. El partir el pan era una condición para que posteriormente pudiera ser compartido por todos. Finalmente, Jesús integró en la acción a los discípulos, pues sería ellos los que recibirían el encargo de repartir el alimento entre toda la gente.

El relato de la multiplicación de los panes se divide en cuatro partes.1. Introducción (14,13-14).Jesús se sintió amenazado y se retiró a la otra parte del lago de Genesaret, después de oír la noticia de que el rey Herodes Antipas había ordenado la muerte de Juan Bautista. Sin embargo, a su llegada una gran cantidad de gente ya lo estaba esperando en la ribera opuesta del lago. La escena impresionó profundamente a Jesús, porque se dio cuenta que lo buscaban y necesitaban. Un sentimiento de compasión lo llevó a sanar a todos los enfermos que le presentaron. La misericordia de Jesús se expresó especialmente a través de la preocupación por los que sufrían algún mal del cuerpo o del espíritu. En esta misma línea, esas curaciones serían seguidas por la alimentación de una gran cantidad de gente. 2. Diálogo con los discípulos (14,15-18).Son los discípulos los que le hicieron ver a Jesús que el lugar era muy apartado, ya se hacía tarde y ellos no tenían cómo alimentar a esa gran cantidad de gente. Por eso, sugirieron que Jesús despidiera a la muchedumbre, para que ellos mismos se procuraran el alimento en las aldeas cercanas. Pero, fueron sorprendidos por la reacción de Jesús: la gente no tenía por qué marcharse y los propios discípulos debían darle de comer. El problema era que disponían sólo de cinco panes y dos peces; Jesús simplemente ordenó que se los trajeran. 3. Multiplicación de los panes (14,19). Jesús se hizo cargo de la situación y realizó cinco acciones muy significativas, en una clara referencia a la cena del Señor. Jesús tomó los panes y los peces, miró hacia el cielo, pronunció la acción de gracias, partió los panes y los dio a los discípulos, para que ellos los repartieran entre todos. 4. Conclusión (14,20-21). Todos comieron y se saciaron; incluso llenaron doce canastos con lo que había sobrado. La cifra de doce era una referencia a las doce tribus del pueblo de Israel que habían recibido los dones de Dios, pero también se refería a los doce apóstoles, que en el futuro serían los responsables de distribuir esos dones en el nuevo pueblo de Dios.

P. Sergio Cerna, SVD