Domingo 15° durante el año: 12 de julio 2026
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: Salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga. Y acercándose los discípulos le dijeron: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les respondió: Es que a ustedes se les ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oirán, pero no entenderán, mirar, mirarán, pero no verán. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. ¡Pero dichosos sus ojos, porque ven, y sus oídos, porque oyen! Pues les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron. Ustedes, pues, escuchen la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta. (Mateo 13,1-23)
Referencias bíblicas
– Salió de nuevo por la orilla del mar, la gente acudía a él y él les enseñaba. (Marcos 2,13)
– Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. (Marcos 3,9-10)
– Y otra vez se puso a enseñar a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a él que hubo de subir a una barca y, ya en el mar, se sentó; toda la gente estaba en tierra a la orilla del mar. Les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas. Les decía en su instrucción: Escuchen. Una vez salió un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida por no tener hondura de tierra; pero cuando salió el sol se agostó y, por no tener raíz, se secó. Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y, creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron treinta, otras sesenta, otras ciento. Y decía: Quien tenga oídos para oír, que oiga. (Marcos 4,1-9)
– Se reunía mucha gente, a la que se añadía la de las ciudades. Les dijo entonces en parábola: Salió un sembrador a sembrar su simiente y, al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra y, después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos y, creciendo con ella, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena y, creciendo, dio fruto centuplicado. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. (Lucas 8,4-8)
– La estirpe de los impíos tiene pocas ramas, las raíces impuras sólo encuentran piedra áspera. (Eclesiástico 40,15)
– ¡Que en vez de espigas dé espinas, en vez de cebada, ortigas! (Job 31,40a)
– La gloria de mi Padre está en que den mucho fruto y sean mis discípulos. No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los conceda. (Juan 15,8.16)
– El que tenga oídos, que oiga. (Mateo 11,15)
– Los que le seguían con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: A ustedes se les ha dado el misterio del Reino de Dios, pero a los que están fuera todo se les presenta en parábolas, para que por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. (Marcos 4,10-12.25)
– Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y él dijo: A ustedes se les ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. Miren, pues, cómo oyen; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará. (Lucas 8,9-10.18)
– Jesús dijo: Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. (Mateo 11,25)
– Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. (Mateo 25,29)
– Hay derrochadores que se enriquecen y ahorradores tacaños que se empobrecen. (Proverbios 11,24)
– Pueblo necio y sin seso: tienen ojos y no ven, orejas y no oyen. (Jeremías 5,21)
– ¿Teniendo ojos no ven y teniendo oídos no oyen? (Marcos 8,18)
– Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. (Lucas 19,41-42)
– Escuchen bien, pero no entiendan, vean bien, pero no comprendan. Engorda el corazón del pueblo, hazle duro de oídos y pégale los ojos, no sea que vea con sus ojos, oiga con sus oídos, entienda con su corazón, se convierta y se le cure. (Isaías 6,9-10)
– Ha cegado sus ojos, ha endurecido su corazón; para que no vean con los ojos, ni comprendan con su corazón, ni se conviertan, ni yo los sane. (Juan 12,40)
– Ve a encontrar a este pueblo y dile: Escucharán bien, pero no entenderán, mirarán bien, pero no verán. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, y con sus oídos oigan, y con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los cure. Sepan, pues, que esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles; ellos sí que la oirán. (Hechos 28,26-28)
– Les dijo a los discípulos: ¡Dichosos los ojos que ven lo que ven! Porque muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, pero no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen, pero no lo oyeron. (Lucas 10,23-24)
– Dijo a sus discípulos: Días vendrán en que desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. (Lucas 17,22)
– Su padre Abrahán se regocijó pensando en ver mi Día; lo vio y se alegró. (Juan 8,56)
– El misterio de Cristo no fue dado a conocer a los hombres de generaciones pasadas, como ha sido ahora revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu. (Efesios 3,5)
– Sobre esta salvación investigaron e indagaron los profetas, que profetizaron sobre la gracia destinada a ustedes, procurando descubrir a qué tiempo y a qué circunstancias se refería el Espíritu de Cristo, que estaba en ellos, cuando les predecía los sufrimientos destinados a Cristo y las glorias que les seguirían. Les fue revelado que no administraban en beneficio propio sino en favor de ustedes este mensaje que ahora les anuncian quienes les predican el Evangelio, en el Espíritu Santo enviado desde el cielo; mensaje que los ángeles ansían contemplar. (1 Pedro 1,10-12)
– Y les dice: ¿No entienden esta parábola? ¿Cómo, entonces, comprenderán todas las parábolas? El sembrador siembra la palabra. Los que están a lo largo del camino donde se siembra la palabra son aquellos que, en cuanto la oyen, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. De igual modo, los sembrados en terreno pedregoso son los que, al oír la palabra, al punto la reciben con alegría, pero no tienen raíz en sí mismos, sino que son inconstantes; y en cuanto se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumben en seguida. Y otros son los sembrados entre los abrojos; son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y las demás concupiscencias les invaden y ahogan la palabra y queda sin fruto. Y los sembrados en tierra buena son aquellos que oyen la palabra, la acogen y dan fruto, unos treinta, otros sesenta, otros ciento. (Marcos 4,13-20)
– La parábola quiere decir esto: La simiente es la palabra de Dios. Los de a lo largo del camino son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la palabra, la reciben con alegría; pero no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba abandonan. Lo que cayó entre los abrojos son los que han oído, pero las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida les van sofocando y no llegan a madurez. Lo que en buena tierra son los que, después de haber oído, conservan la palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia. (Lucas 8,11-15)
– Porque este mandamiento que yo te prescribo hoy no es superior a tus fuerzas, ni está fuera de tu alcance. No está en el cielo, como para decir: ¿Quién subirá por nosotros al cielo y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo pongamos en práctica? Ni está al otro lado del mar, como para decir: ¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar y nos lo traerá para que lo oigamos y lo pongamos en práctica? Sino que la palabra está bien cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica. (Deuteronomio 30,11-14)
– Por su parte, ustedes se hicieron imitadores nuestros y del Señor, abrazando la palabra con gozo del Espíritu Santo en medio de muchas tribulaciones. (1 Tesalonicenses 1,6)
Comentario
El texto está en el discurso parabólico del evangelio de Mateo (13,1-52), que contiene siete parábolas: el sembrador, la cizaña, el grano de mostaza, la levadura, el tesoro, la perla y la red. Las cuatro primeras fueron dichas en público y la gente no las comprendió. Las tres siguientes estaban dirigidas a los discípulos y fueron comprendidas por ellos. Jesús quería explicar, a través de parábolas, la misteriosa realidad del Reino de los cielos, que él estaba anunciando por encargo de su Padre. El tema del evangelio está relacionado con el problema de la incredulidad de la gente, que no comprendía ni creía en su mensaje. Hay una reflexión sobre el origen de la incredulidad y las causas que la provocaban y una referencia a la actitud que debían asumir los discípulos ante esta realidad. La incredulidad es explicada por la incomprensión de las parábolas, debido a una terca cerrazón y a una falta de sintonía con la nueva realidad anunciada por Jesús. El protagonista del Reino era Dios y en él estaba la garantía de su realización; los discípulos debían acogerlo con gratitud y alegría. Sin embargo, ellos estaban invitados a colaborar activamente con el desarrollo y difusión del Reino, a través de un compartir esperanzado de su realidad con las demás personas.
El texto del evangelio se divide en cuatro partes. 1. Introducción (13,1-3a).A través de parábolas, Jesús se dirigió desde una barca a una gran cantidad de personas, que lo escuchaban desde la orilla del mar. 2. Parábola del sembrador (13,3b-9). El punto de comparación de la parábola está puesto, no en el sembrador ni en el trabajo ni en los diversos terrenos. Más bien, se destacan las cuatro etapas de un proceso: la semilla cae en la tierra, brota, crece y llega a la madurez. En los tres primeros casos hubo obstáculos: la tierra dura, los pájaros, las piedras, el sol y los cardos impidieron un desarrollo normal. Sólo en la tierra buena, se completó el proceso y se consiguió una excelente cosecha. Esto era lo que importaba en una parábola escatológica, llena de esperanza y optimismo, que apuntaba a la culminación del Reino de los cielos al final de los tiempos y a un resultado garantizado por la intervención de Dios. 3. Hablar en parábolas (13,10-17).Jesús presenta la fe como un don gratuito de Dios, que es acogido por quienes tienen un corazón abierto y sensible a la intervención de Dios en sus vidas, pero que es rechazado por quienes tienen un corazón duro y no quieren ver ni oír ni entender el mensaje de las parábolas. Los discípulos son invitados a tomar conciencia del don de Dios y de la respuesta que le dieron a través de su opción por Jesús. 4. Explicación de la parábola (13,18-23).La explicación es una interpretación alegórica, en la que cada elemento tiene un significado. El evangelista quería advertir a su comunidad que no bastaba con una conversión inicial al Evangelio, pues siempre existía la posibilidad de dejar de pertenecer al grupo de los discípulos. La palabra debía ser atentamente escuchada y entendida cada día, como si fuera la primera vez. Esta es una lectura de la parábola que intentaba dar respuesta a las dificultades que estaba experimentando la primera comunidad cristiana en su compromiso de fe.
P. Sergio Cerna, SVD




