Por

P. Marcelo Becchi Martins, SVD

En toda búsqueda el humano ha respondido a su humanidad con humanidad; hoy ha sido perfeccionada por la IA, su creador de búsquedas. Cuando entregamos nuestra humanidad a la IA, desistimos de buscar a nuestro Creador.  ¿Cuál es la visión y misión de la IA? Y ¿cuál es su personalidad jurídica? Preguntas hechas, cuando desconocidos son los efectos operativos de su sistema a la larga en relación a la capacidad propia humana de racionalizarse para racionalizar y reaccionar. Hemos familiarizado y adaptado la IA, a nuestra propia inteligencia; al facilitar nuestra vida la está deshumanizando en muchos aspectos, desde lo cognitivo hasta lo social.

La IA, está diluida en toda la Internet y la hemos accedido con más o menos frecuencia, interés o/y destreza.  Al respecto, “sin pedir permiso” la IA, proviene de un proceso revolucionario histórico y hoy como un “virus virtual”, un parásito oportunista y velado en nuestros quehaceres, asimismo viene perfeccionando lo real con base en la situación humana carente de resultados para la sustitución de su propia complejidad: la capacidad de uno de tomar sus propias decisiones personales y colectivas de equivocarse, de cometer errores e intentar de nuevo. Es su quehacer mejorar las cosas y descubrirse para descubrir un mundo humano de posibilidades reales e idealizadas que deben ser construidas y reconstruidas con aquel esfuerzo de la racionalidad humana.

Es un constante estudio de caso, un método investigativo del campo de nuestra propia existencia aplicado, dentro y fuera de las universidades para el discernimiento del conocimiento adquirido.  La IA, de muchos nombres y sin apellido va entregando su reconocida tecnología, su perfeccionamiento de informaciones contando con nuestros datos, desde nuestros gustos y disgustos. Así, se ha infiltrado en todo lo operacional de nuestros aparatos y de nuestras vidas, para masificar nuestras mentes, como una posibilidad eminente de ser utilizada en la cotidianeidad hacia nuestra descotidianeidad.

Con todo, la paradoja es que el mundo real está cada vez más virtual y el mundo virtual cada vez más real.   Es relevante pensar para analizar críticamente la urgencia de cabildos públicos en todo el planteamiento hecho por el Papa León XIV; dentro y fuera de la Iglesia, asumiendo lo privado y sacando las evidencias sociales de lo que se ha “normalizado” para manipular y mercantilizar la imagen humana. Antes eso se daba por las mídias televisivas y periodísticas; hoy aquellas se vinculan y crean plataformas virtuales de acceso. Son las redes y canales sociales de pseudoentretenimiento, en algunos casos, son contenidos destinados a adultos, con más o menos restricciones en curso a menores, que están sujetos a políticas públicas emergentes de cada país en esta materia. 

La deshumanización de la IA, presente en toda red desde un teléfono, usado, por ejemplo en una iglesia o/y en el hogar, en aquellos e innumerables espacios privados y sociales ha sido una tecnología que encarna una creciente instrumentalización de la integridad real de la persona afectada; que en la dependencia de su uso, usa la imagen ampliamente comprendida que le ofrece y a la vez ofrece.

La compra, la venta y la distribución, sus partes y cortes de la totalidad de una imagen potencialmente humana ha promocionado el morbo y el hedonismo personal o/y colectivo, así se monetizan valores fundamentales de nuestra humanidad intercambiados por el económico a costa de una exposición/divulgación/circulación llegando en casos a la explotación y trata de personas; la comercialización ajena y/o la autocomercialización humana de aquella imagen o/y persona; del real al ficticio y del ficticio al real. Con y por las masas adherentes a un sistema de datos, así estamos siendo reducidos.

La IA, ha absorbido la humanidad, la escaseando de su inteligencia natural; que ha consumido aquella necesidad, que recreada es reproducida con rasgos humanos con efectos de o por un determinismo de masas: Es la “esclavitud” pasiva y activa, voluntaria e involuntaria, consciente e inconsciente entre y por niños, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores. Se trata de una deseada vitrina virtual ampliamente vista y difundida en plataformas de búsquedas. La reciente Encíclica promulgada, Magnifica Humanitas (“Magnífica humanidad”), del Papa León, de hecho su primera Encíclica, aborda los efectos de la IA, y denuncia su uso y abuso hacia la integralidad humana natural.

Dice el Papa:     “174. La lucha contra las nuevas formas de esclavitud constituye una prueba de fuego decisiva para el discernimiento ético de la IA y la transformación digital. Siguiendo la tradición iniciada por León XIII, la Iglesia renueva su firme condena de toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas, y recuerda la urgencia de un amplio movimiento de reflexión y acción que sitúe en el centro la dignidad inalienable de todo ser humano y el bien común, como fines de la sociedad y como criterios de toda decisión personal, social y política.

Sin esta reflexión ética y humanizadora, el creciente poder de los sistemas digitales corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades, no menos vergonzosas que las del pasado que hoy deploramos, mientras seguimos presentándonos como sociedades “avanzadas” y “civilizadas”.”. 175. La trata debe reconocerse como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana; no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba. [173].” (Magnifica Humanitas, P. León XIV, 15 de mayo de 2026).  Retomando a modo conclusivo las preguntas que plantean esta reflexión, la IA, diciendo de ella misma, aclara no tener una personalidad jurídica, cuando legalmente se considera “una herramienta o un producto”; no es sujeta de derechos ni obligaciones y la responsabilidad legal por sus actos recae en las personas humanas: fabricantes y usuarios.

Dice de la visión y misión, “potenciar las capacidades humanas”, “automatizar tareas rutinarias”, “analizar grandes volúmenes de datos y optimizar la toma de decisiones”, “logrando un futuro donde la tecnología y los humanos colaboren para resolver problemas complejos de forma segura y ética”. (Información generada por IA, Google, 30 de mayo 2026).  Me inquieta el hecho equitativo del faber (que “fabrica”) y sapiens (que “sabe”); “la tecnología y los humanos”: Pareciera ya no bastar ser humanos nos deshumanizando cada día un poco más.