Domingo 5° durante el año: 8 de febrero 2026
 Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

Ustedes son la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (Mateo 5,13-16)

Referencias bíblicas

– Buena es la sal; mas si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonarán? Tengan sal en ustedes y tengan paz unos con otros. (Marcos 9,50)

– Buena es la sal; mas si también la sal se torna insípida, ¿con qué se la sazonará? No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga. (Lucas 14,34-35)

– Sazonarás con sal toda oblación que ofrezcas; en ninguna de tus oblaciones permitirás que falte nunca la sal de la alianza de tu Dios; todas tus ofrendas llevarán sal. (Levítico 2,13)

– Todo lo reservado de las cosas sagradas que los israelitas reservan a Yahvé, te lo doy a ti y a tus hijos e hijas, por decreto perpetuo. Alianza de sal es ésta, para siempre, delante de Yahvé, para ti y tu descendencia. (Números 18,19)

– Pórtense prudentemente con los de fuera, aprovechando bien la ocasión. Que su conversación sea siempre amena, sazonada con sal, sabiendo responder a cada cual como conviene. (Colosenses 4,5-6)

– Jesús les habló otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8,12)

– Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. (Juan 1,4-9)

– Y este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él, y caminamos en tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado. (1 Juan 1,5-7)

– Yahvé marchaba delante de ellos: de día en columna de nube, para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego, para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche. No se apartó del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche. (Éxodo 13,21-22)

– Yahvé es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Yahvé, el refugio de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Salmo 27,1)

– ¡Qué admirable es tu amor, oh Dios! Por eso los seres humanos se cobijan a la sombra de tus alas; se sacian con las provisiones de tu casa, en el torrente de tus delicias los abrevas; pues en ti está la fuente de la vida, y en tu luz vemos la luz. (Salmo 36,8-10)

– Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, que camina, Yahvé, a la luz de tu rostro, que se alegra todo el día con tu nombre, que vive entusiasmado con tu justicia. (Salmo 89,16-17)

– Pues la sabiduría es más móvil que cualquier movimiento y, en virtud de su pureza, atraviesa y penetra todo. Es un soplo del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Omnipotente; por eso, nada contaminado le afecta. Es reflejo de la luz eterna, espejo inmaculado de la actividad de Dios e imagen de su bondad. (Sabiduría 7,24-26)

– El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras,

una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín. (Isaías 9,1-2)

– No será para ti ya nunca más el sol luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará de noche, sino que tendrás a Yahvé por luz eterna, y a tu Dios por tu hermosura. No se pondrá jamás tu sol, ni tu luna menguará, pues Yahvé será para ti luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto. (Isaías 60,19-20)

– Porque en otro tiempo fueron tinieblas; mas ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz; pues el fruto de la luz consiste en toda bondad, justicia y verdad. (Efesios 5,8-9)

– Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahvé será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. (Isaías 2,2-3)

– Les decía también: ¿Acaso se trae la lámpara para ponerla debajo del celemín o debajo del lecho? ¿No es para ponerla sobre el candelero? Pues nada hay oculto si no es para que sea manifestado; nada ha sucedido en secreto, sino para que venga a ser descubierto. Quien tenga oídos para oír, que oiga. (Marcos 4,21-23)

– Nadie enciende una lámpara y la pone en sitio oculto, ni bajo el celemín, sino sobre el candelero, para que los que entren vean el resplandor. Tu ojo es la lámpara de tu cuerpo. Cuando tu ojo está sano, todo tu cuerpo está iluminado; pero cuando está malo, también tu cuerpo está a oscuras. Mira, pues, que la luz que hay en ti no sea oscuridad. Si, pues, tu cuerpo está enteramente iluminado, sin parte alguna oscura, estará tan enteramente luminoso, como cuando la lámpara te ilumina con su fulgor. (Lucas 11,33-36)

– Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios. (Juan 3,21)

– La gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos. (Juan 15,8)

– Por tanto, ya coman, ya beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para gloria de Dios. No den motivo de escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la iglesia de Dios; lo mismo que yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de todos, para que se salven. (1 Corintios 10,31-33)

Comentario

Esta unidad del evangelio de Mateo está ubicada después de las bienaventuranzas y forma parte del sermón de la montaña, también llamado discurso evangélico, pues su contenido es el anuncio del Reino. Dios ya había comenzado a reinar en el mundo, su salvación se había hecho presente y la vida de todos los hombres podía experimentar un cambio. La exhortación sobre la sal de la tierra y la luz del mundo era una invitación a ser testigos alegres del don del perdón y de la gracia recibido de Dios. De este modo, la nueva ley anunciada por Jesús en el sermón del monte era mucho más que un conjunto de normas morales, para transformarse realmente en una buena noticia para todos.

El texto del evangelio destaca la dimensión misionera de la presencia de Dios en el mundo. Este don de Dios era una realidad que debía ser compartida con las demás personas. Los discípulos de Jesús son comparados, en primer lugar, con la sal. Esta comparación se basa en las características de la sal, que da sabor a los alimentos y los conserva. De igual modo, los discípulos deben dar sentido a la vida y protegerla de todo daño o peligro. Esta recomendación se refiere a la vida propia y a la de los demás. Los discípulos de Jesús son también comparados con la luz. Esta comparación se basa en que la luz está destinada a iluminar, a fin de ver las cosas que nos rodean y poder guiarse en el desplazamiento de un lugar a otro. De igual modo, los discípulos deben ser capaces de percibir la realidad del mundo tal cual es y de orientarse adecuadamente en el caminar por la vida. Nuevamente, esta recomendación se refiere a la realidad y a la vida propias, pero también, y especialmente, a la realidad y a la vida de las demás personas. La actitud fundamental de los discípulos consiste en compartir con los demás el don de Dios recibido y, de este modo, dar vida e iluminar la existencia de todos. La actuación de Jesús fue presentada en el evangelio como una gran luz que había iluminado a todos los que se encontraban en tinieblas y en la oscuridad. (Mateo 4,16) La luz de la vida nueva traída por Jesús era para ponerla en un lugar alto y no para esconderla debajo de un mueble.

La exhortación culmina con una recomendación: Brille así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. (5,16) Aquí aparece un nuevo elemento relacionado con las buenas obras de los discípulos, como resultado del don de Dios. Al igual que su maestro, ellos deben estar dispuestos a caminar por el mundo y la vida preocupándose sinceramente de los demás: Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús y él pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con él (Hechos 10,38). La fe en Jesús significaba un compromiso personal muy íntimo, pero debía tener implicancias en toda la vida del cristiano. En definitiva, sería este testimonio de vida, el que podía convocar a formar parte de la iglesia, el nuevo pueblo de Dios. Más adelante y como complemento a esta recomendación, Jesús agregaría otra: Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de su Padre que está en los cielos. (Mateo 6,1).

P. Sergio Cerna, SVD