Domingo 4° durante el año: 1 de febrero 2026
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados serán cuando los injurien y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes. (Mateo 4,25-5,12)
Referencias bíblicas
– Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé, el pueblo que escogió como heredad. (Salmo 33,12)
– Gusten y vean lo bueno que es Yahvé, dichoso el hombre que se acoge a él. (Salmo 34,9)
– Dichoso el que cuida del débil y el pobre. El día de la desgracia Yahvé lo liberará. (Salmo 41,2)
– Dichoso el que eliges e invitas a habitar dentro de tus atrios. (Salmo 65,5)
– Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, que camina, Yahvé, a la luz de tu rostro. (Salmo 89,16)
– Feliz el hombre a quien educas, Yahvé, aquel a quien instruyes en tu ley. (Salmo 94,12)
– Dichosos los que guardan el derecho, los que practican siempre la justicia. (Salmo 106,3)
– Feliz el hombre que se apiada y presta, y arregla rectamente sus asuntos. (Salmo 112,5)
– Feliz quien se apoya en el Dios de Jacob, quien tiene su esperanza en Yahvé. (Salmo 146,5)
– Dichosa la persona a quien Dios corrige, porque hiere y pone la venda, golpea y él mismo sana. (Job 5,17-18)
– Jesús dijo a Juan: Conviene que así cumplamos toda justicia. (Mateo 3,15)
– Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. (Mateo 5,6)
– Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia. (Mateo 5,10)
– Si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos. (Mateo 5,20)
– Cuiden de no practicar su justicia delante de los hombres para ser visto por ellos. (Mateo 6,1)
– Busquen primero el Reino de Dios y su justicia. (Mateo 6,33)
– Vino Juan por camino de justicia y no creyeron en él, mientras que los publicanos y las prostitutas creyeron en él. (Mateo 21,32)
– Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán. (Mateo 4,25)
– Moisés subió al monte de Dios y Yahvé lo llamó desde el monte, y le dijo: Habla así a la casa de Jacob y anuncia esto a los hijos de Israel. (Éxodo 19,3)
– Moisés dijo: esta es la sangre de la Alianza que Yahvé ha hecho con ustedes, de acuerdo con todas estas palabras. (Éxodo 24,8)
– Porque esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados. (Mateo 26,28)
Comentario
Una gran multitud de judíos y paganos había seguido a Jesús; su misión no tenía fronteras. Él subió a un monte y se sentó para enseñar como un maestro. Moisés había recibido la ley en el Sinaí de parte de Dios, mientras nadie podía acercarse al monte. Ahora los discípulos se acercaron, como señal de que ya no existía distancia entre Dios y los hombres. Sería el propio Jesús quien proclamaría una nueva ley que daría origen a una nueva alianza. La enseñanza de Jesús en las bienaventuranzas se refería a personas que eran declaradas felices y dichosas. El tema de las bienaventuranzas era la felicidad y el sentido de la vida. En el Antiguo Testamento la palabra dichoso (ashré en hebreo y makarios en griego) era una forma de aclamar a una persona al descubrir su paz y su felicidad. Suponía una felicidad ya alcanzada o en proceso de conseguirse. Jesús constataba y proclamaba la felicidad de esas personas. Se trataba, al mismo tiempo, de una afirmación de felicidad presente y de una promesa de felicidad para el futuro.
Las bienaventuranzas de Mateo forman un conjunto bien organizado. Lo señala el recurso literario de la inclusión, que consiste en repetir al final lo que se dijo al principio del texto. La conclusión de la octava bienaventuranza repite literalmente la primera: porque de ellos es el Reino de los cielos. La primera y la octava bienaventuranza están en tiempo presente, mientras las restantes están en tiempo futuro. Las ocho bienaventuranzas se dividen en dos grupos de cuatro, lo que está indicado por la palabra justicia, término clave en el sermón de la montaña y que aparece en la cuarta y octava bienaventuranza. Hay una última bienaventuranza, llamada también la novena (Mateo 5,11-12), de un estilo y extensión muy distintos a las anteriores. Es un eco de la serie anterior, especialmente de la última bienaventuranza. Es también un elemento de transición hacia el rol de los discípulos en el mundo (sal de la tierra y luz del mundo), que viene a continuación (Mateo 5,13-16).
Las bienaventuranzas plantean, sin duda alguna, exigencias éticas y espirituales como condiciones de la pertenencia al Reino. Son una invitación a asumir ciertas actitudes y comportamientos claves para la persona humana. Sin embargo, esta dimensión está estrechamente relacionada con la realidad del reino, que es un don gratuito de Dios. Este es el verdadero fundamento de las bienaventuranzas, que aparece en la segunda parte de la primera y octava bienaventuranza y cuyas consecuencias concretas son explicitadas en la segunda parte de las demás bienaventuranzas. De este modo, las bienaventuranzas constituyen a la vez un don de Dios y una tarea para la persona.
Las tres primeras bienaventuranzas (los pobres de espíritu, los mansos y los que lloran) se refieren a una actitud de apertura y de reconocimiento a Dios. La cuarta bienaventuranza (los justos) pasa de la apertura hacia la voluntad de Dios a la apertura hacia las demás personas. Las tres bienaventuranzas siguientes (los misericordiosos, los limpios de corazón y los constructores de la paz) proponen un comportamiento justo hacia los demás. La octava bienaventuranza (los perseguidos por causa de la justicia), se refiere a los que padecen persecución por su compromiso con la voluntad de Dios. Tal como le sucedió a Jesús, sus discípulos serían también perseguidos. En síntesis, las bienaventuranzas señalan que el compromiso ético del seguidor de Jesús debe basarse siempre en una auténtica espiritualidad, caracterizada por una relación íntima y personal con Dios.
P. Sergio Cerna, SVD




