Domingo 2° durante el año: 18 de enero 2026

Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

Al día siguiente, Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios. (Juan 1,29-34)

Referencias bíblicas

– Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. (Juan 1,6-8.15)

– Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: ¿Quién eres tú? Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy. – ¿Eres tú el profeta? Respondió: No. Entonces le dijeron: ¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo? Dijo él: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Rectifiquen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Habían sido enviados por los fariseos. Y le preguntaron: ¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta? Juan les respondió: Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno a quien no conocen que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia. Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando. (Juan 1,19-28)

– Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica, porque él es puro. Todo el que comete pecado comete también la iniquidad, pues el pecado es la iniquidad. Y saben que él se manifestó para borrar los pecados pues en él no hay pecado. Todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, no le ha visto ni conocido. (1 Juan 3,3-6)

– Y cuando Samuel vio a Saúl, Yahvé le indicó: Éste es el hombre del que te he hablado. Él regirá a mi pueblo. (1 Samuel 9,17)

– Los judíos le dijeron: ¿Aún no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán? Jesús les respondió: En verdad les digo: antes de que Abrahán existiera, Yo Soy. Entonces tomaron piedras para tirárselas; pero Jesús se ocultó y salió del Templo. (Juan 8,57-59)

– En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada Lo que se hizo en ella era la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. (Juan 1,1-5)

– Reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahvé. (Isaías 11,2)

– El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran. (Isaías 61,1-2)

– Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. (Mateo 3,16-17)

– Le dice Nicodemo: ¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer? Respondió Jesús: En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. (Juan 3,4-6)

– Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Pero viendo venir muchos fariseos y saduceos a su bautismo, les dijo: Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente? Den, pues, fruto digno de conversión, y no crean que basta con decir en su interior: Tenemos por padre a Abrahán; porque les digo que puede Dios de estas piedras suscitar hijos a Abrahán. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua en señal de conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. (Mateo 3,4-12)

– Juan llevaba un vestido de piel de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo. (Marcos 1,6-8)

– He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones. (Isaías 42,1)

– Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y, al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenle.  (Lucas 9,34-35)

– Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido. También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate! Había encima de él una inscripción: Este es el rey de los judíos. (Lucas 23,35-38)

Comentario

En el evangelio de Juan se encuentran algunos temas específicos que revelan las principales preocupaciones del autor al escribir el libro. Uno de esos temas es la evidente rivalidad que se produjo entre los discípulos de Jesús y los de Juan Bautista. El movimiento de Juan Bautista había sobrevalorado la figura de su maestro y la polémica surgió cuando la comunidad del evangelista Juan quiso poner las cosas en su lugar y ubicar al Bautista en el lugar que le correspondía. El evangelio de Juan señaló que Jesús era el auténtico Mesías y la luz verdadera. Juan Bautista era sólo una lámpara y no el salvador; su misión había consistido en anunciar a Jesús y dar testimonio de él. Esto había quedado claramente establecido ya en el prólogo del evangelio de Juan y había sido ratificado en todas las escenas en que aparecía Juan el Bautista.

El evangelio de hoy está tomado precisamente del evangelio de Juan y forma parte del testimonio que dio Juan Bautista sobre la persona de Jesús. El texto está ubicado inmediatamente después del Prólogo del evangelio de Juan (1,1-18) y quería responder a la pregunta por la identidad de Jesús. En la primera parte del texto, fueron los sacerdotes, levitas y fariseos los que preguntaron a Juan Bautista si él era alguna de las figuras esperadas por el pueblo: el Mesías, el profeta Elías o el profeta Moisés. Juan Bautista respondió negativamente a la triple alternativa y se identificó sólo como una voz que clama en el desierto, pidiendo que rectificaran el camino del Señor. Y explicando lo que hacía en el río Jordán, había añadido: Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes está uno que no conocen y a quien no soy digno de desatarle la correa de su sandalia (1,26).

La segunda parte de este texto corresponde al evangelio del domingo de hoy. Si la primera parte contenía el testimonio de Juan dirigido a las autoridades religiosas judías, esta sección estaba dirigida a las personas que rodeaban a Juan y se refería específicamente a Jesús, quien se hizo presente, al día siguiente, en la escena del río Jordán. Al testimonio dado sobre Jesús, Juan Bautista agregó uno más explícito: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo (1,30). En la persona de Jesús se había hecho presente la realidad eterna, que el evangelista Juan, en el prólogo de su evangelio, llamó simplemente el Verbo. Juan Bautista sostuvo que su bautismo con agua tenía carácter penitencial y era un anticipo del bautismo de Jesús con Espíritu Santo, que realmente generaría una nueva vida. Siguiendo a los profetas del Antiguo Testamento, el Bautista dio a Jesús cinco títulos característicos de la tradición judía: el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo, el hombre, el que bautiza con Espíritu Santo y el Elegido de Dios. A estos títulos, el evangelista Juan, en la primera parte de su evangelio llamada libro de los signos, agregaría otros siete: El Mesías salvador del mundo, la palabra de vida que sana toda enfermedad, el que da una vida nueva, el pan de vida, el que tiene poder sobre el mal, la luz en la vida y la resurrección y la vida. En definitiva, estos doce títulos fueron la respuesta completa que el evangelista quiso dar a la pregunta por Jesús y por su verdadera identidad.

P. Sergio Cerna, SVD