Por
P. Yuventus Kota, SVD
Hoy, 15 de enero, la Familia Arnoldina está de fiesta. Celebramos el nacimiento a la vida eterna de nuestro fundador, San Arnoldo Janssen. Existen muchas formas de honrar su legado, pero hoy los invito a reflexionar sobre nuestro propósito actual: la valentía de salir de nuestro propio ‘zoológico’ para cruzar el desierto. Así como Arnoldo dejó su seguridad en Alemania para fundar en Steyl, nosotros somos llamados a abandonar la comodidad y caminar hacia las periferias donde Dios nos espera.
Había una vez un camello bebé que conversaba con su madre. El camellito le preguntó:
Mamá, ¿por qué tenemos estas pestañas tan largas? La madre, con sabiduría, le respondió:
Hijo, nosotros tenemos un propósito, y ese propósito es cruzar el desierto. En el desierto suelen ocurrir fuertes tormentas de arena; nuestras pestañas largas existen para evitar que la arena entre en nuestros ojos y nos deje ciegos.
El pequeño asintió, pero pronto tuvo otra duda:
Mamá, ¿y por qué tenemos estas almohadillas tan grandes en las patas?
Hijo, es por nuestro propósito contestó ella. En el desierto las temperaturas son extremas, llegando hasta los 50 grados Celsius.
Sin estas almohadillas gruesas, nos quemaríamos al caminar sobre la arena ardiente.
Entiendo… dijo el camellito. ¿Y por qué tenemos esta joroba tan grande?
Porque nuestro propósito es cruzar el desierto y allí el agua escasea. En la joroba almacenamos las reservas necesarias para sobrevivir durante días sin beber nada.
Finalmente, el pequeño camello miró a su alrededor, vio las rejas y el cemento que los rodeaban, y preguntó:
Mamá, si nuestro propósito es cruzar el desierto, ¿qué hacemos nosotros aquí, en el zoológico?
Esta fábula es una poderosa metáfora que resuena profundamente con la espiritualidad, el carisma y la obra de San Arnoldo Janssen, fundador de las tres congregaciones misioneras: los Misioneros del Verbo Divino (SVD) (1875), las Hermanas Siervas del Espíritu Santo (1889) y las Hermanas Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua (1896) A continuación, presentamos una reflexión inspirada en su legado:
1. El propósito y la identidad (el “diseño” de Dios)
El camellito descubre que tiene herramientas extraordinarias (pestañas, patas, joroba), pero se siente frustrado porque su entorno (el zoológico) no le permite usarlas. San Arnoldo Janssen enseñaba que cada ser humano ha sido “diseñado” por el Espíritu Santo con dones específicos.
En la espiritualidad de Arnoldo, nuestra identidad no es un accidente. Así como el camello está hecho para el desierto, nosotros estamos hechos para la misión. San Arnoldo no fundó congregaciones para que se quedaran encerradas en la comodidad de Europa, sino para que sus miembros fueran “enviados” a donde nadie más quería ir.
2. Salir del “zoológico”: el carisma misionero
El zoológico representa nuestra zona de confort, el miedo al cambio o las estructuras que nos asfixian. El carisma de San Arnoldo es, esencialmente, salida y frontera.
Él entendió que, si Dios nos dio la “joroba” de la fe y las “almohadillas” de la formación, no fue para lucirlas ante un espejo, sino para caminar sobre la arena ardiente de la incredulidad y la necesidad humana. Su reflexión ante la pregunta del pequeño camello sería:
“No te conformes con el cemento del zoológico; tu lugar es el horizonte donde el Verbo aún no ha sido escuchado”.
3. Las “herramientas” para el desierto (la oración y la ciencia)
San Arnoldo valoraba profundamente la preparación. Para él, las “pestañas largas” eran la oración (que nos protege de la ceguera espiritual ante las tormentas del mundo) y la “joroba” era el estudio y la ciencia (reservas de conocimiento para dialogar con las culturas).
Él creía firmemente que:
- La fe sin misión es como un camello en una jaula: una naturaleza desperdiciada.
- La misión sin fe es como un camello sin joroba: morirá de sed en el primer obstáculo.
4. La obra de Arnoldo: “Ante la luz del Verbo…”
La frase favorita de San Arnoldo era:
“Ante la luz del Verbo y el Espíritu de la gracia, desaparezcan las tinieblas del pecado y la noche de la incredulidad”.
Hoy, esta reflexión nos invita a mirar nuestras propias “jorobas” y “pestañas”:
- ¿Qué dones te ha dado Dios? (Tu carisma personal).
- ¿Estás viviendo en un “zoológico” de miedos y rutinas?
- ¿A qué “desierto” te está llamando el Espíritu Santo para que
pongas tus talentos a trabajar?
Conclusión: San Arnoldo Janssen nos recuerda que existimos por y para el anuncio del Evangelio. No somos “piezas de exhibición” en la Iglesia; somos caravanas de esperanza. Si tienes equipo de misionero, es porque tienes un desierto que cruzar. No dejes que el cemento del mundo te haga olvidar que naciste para la inmensidad del Reino de Dios.
Más allá de las rejas del zoológico: nuestra identidad en el Verbo Divino
El camellito de la historia hace una pregunta que nos sacude el alma a todos los que formamos parte de esta familia espiritual:
“Si tenemos todo para el desierto, ¿qué hacemos aquí?”.
Como comunidad de San Arnoldo Janssen, esta pregunta nos invita a examinar nuestra coherencia entre lo que somos y lo que hacemos.
1. Para los sacerdotes y religiosos: la identidad del enviado
Ustedes son los custodios del carisma. Sus “pestañas largas” son la vida consagrada y la oración constante. A veces, la estructura institucional el “cemento” del colegio o de la oficina parroquial puede hacerles olvidar que son, ante todo, misioneros de frontera.
La reflexión: San Arnoldo no fundó la SVD para que fueran
administradores de edificios, sino “buscadores de desiertos”. El carisma no es para lucirse en la liturgia, sino para caminar donde la arena quema y otros no se atreven a pisar.
2. Para los laicos y colaboradores: el carisma en lo cotidiano
Muchos laicos en nuestros colegios y obras sociales piensan que la
misión es solo “cosa de los padres”. ¡Nada más lejos de la realidad!
La reflexión: Ustedes son las “almohadillas en las patas” del camello. Son quienes tocan la realidad del mundo: la economía, la educación y la política. Su “propósito” no es solo trabajar en una institución religiosa, sino ser el Verbo Divino en medio de las estructuras seculares.
Si estás en un colegio verbita, tu misión no es solo enseñar matemáticas, sino preparar a los alumnos para que también tengan la fuerza de cruzar sus propios desiertos.
3. El riesgo de la “institucionalización” (el zoológico)
Nuestras parroquias y colegios pueden convertirse en “zoológicos espirituales” si nos conformamos con:
- Hacer lo de siempre porque “siempre se ha hecho así”.
- Tener instalaciones hermosas, pero sin espíritu misionero.
- Hablar de Dios hacia adentro, pero tener miedo de salir a las periferias.
San Arnoldo decía:
“La medida de nuestro amor a Dios es el celo por la salvación de las almas”.
Una institución verbita que no incomoda y que no sale de su zona de confort es un camello que se olvida de su naturaleza.
4. Las “jorobas” que compartimos: la espiritualidad trinitaria
En nuestra comunidad, la “joroba” que nos mantiene vivos es
nuestra espiritualidad. No caminamos solos:
- La Palabra (el Verbo): es nuestra agua; sin ella, nos secamos.
- El Espíritu Santo: es el viento que nos guía, incluso cuando la arena no nos deja ver.
- La comunión: el camello viaja en caravana. En nuestras parroquias y colegios, nadie se salva solo. El sacerdote necesita la visión del laico, y el laico necesita el acompañamiento del pastor.
Conclusión para la comunidad
Hoy, San Arnoldo Janssen nos diría:
“Miren sus herramientas”.
Miren la educación que reciben, la fe que profesan y la comunidad
que los sostiene. Todo eso es verdadero “equipo de desierto”.
No permitamos que el “cemento” de la rutina nos haga olvidar que somos una comunidad en salida. Ya sea desde un aula, desde un altar o desde un proyecto social, nuestra meta no es quedarnos protegidos tras las rejas, sino ser la voz del Verbo que clama en el desierto del mundo actual.
Oración final
“Ante la luz del Verbo y el Espíritu de la Gracia, que se abran las puertas de nuestro zoológico personal y comunitario, para que corramos al encuentro de los hermanos que esperan nuestra palabra y nuestra mano.”




