Domingo del Bautismo del Señor: 11 de enero 2026
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Jesús le respondió: Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. (Mateo 3,13-17)
Referencias bíblicas
– Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco. (Marcos 1,9-11)
– Todo el pueblo se estaba bautizando. Jesús, ya bautizado, se hallaba en oración, se abrió el cielo, bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado. (Lucas 3,21-22)
– Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo: He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo. Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios. (Juan 1,29-34)
– Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, envió a decir al rey: ¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel. Naamán llegó con sus caballos y carros y se detuvo a la entrada de la casa de Eliseo. Éste envió un mensajero a decirle: Ve y lávate siete veces en el Jordán. Tu carne te renacerá y quedarás limpio. Naamán se puso furioso y se marchó diciendo: Yo me había dicho: ¡Saldrá seguramente a mi encuentro, se detendrá, invocará el nombre de su Dios, frotará con su mano mi parte enferma y sanaré de la lepra! El Abana y el Farfar, los ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? ¡Podía bañarme en ellos y quedar limpio! Se dio la vuelta y se marchó furioso. Sus servidores se le acercaron y le dijeron: Padre mío, si el profeta te hubiera mandado una cosa difícil, ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si te ha dicho: Lávate y quedarás limpio! Bajó, pues, y se bañó en el Jordán siete veces, conforme a la palabra del hombre de Dios. Su carne volvió a ser como la de un niño pequeño, y quedó limpio. (2 Reyes 5,8-14)
– Y exclamó a gritos: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que venga a verme la madre de mi Señor? (Lucas 1,42-43)
– Llega a Simón Pedro; éste le dice: Señor, ¿tú lavarme a mí los pies? (Juan 13,6)
– A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él. (2 Corintios 5,21)
– Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, y se hicieron bautizar con el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar su bautismo, frustraron el plan de Dios sobre ellos. (Lucas 7,29-30)
– Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él Jerusalén, toda Judea y toda la región del Jordán, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Pero viendo venir muchos fariseos y saduceos a su bautismo, les dijo: Raza de víboras, ¿quién les ha enseñado a huir de la ira inminente? Den, pues, fruto digno de conversión, y no crean que basta con decir en su interior: Tenemos por padre a Abrahán; porque les digo que puede Dios de estas piedras suscitar hijos a Abrahán. Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. Yo los bautizo con agua en señal de conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo y va a limpiar su era: recogerá su trigo en el granero, pero la paja la quemará con fuego que no se apaga. (Mateo 3,4-12)
– El año treinta, el día cinco del cuarto mes, encontrándome yo entre los deportados, a orillas del río Quebar, se abrió el cielo y contemplé visiones divinas. (Ezequiel 1,1)
– Pedro sintió hambre y quiso comer. Mientras se lo preparaban le sobrevino un éxtasis, y vio el cielo abierto y que bajaba hacia la tierra una cosa, así como un gran lienzo, atado por las cuatro puntas. (Hechos 10,10-11)
– Reposará sobre él el espíritu de Yahvé: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahvé. (Isaías 11,2)
– El espíritu del Señor Yahvé está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran. (Isaías 61,1-2)
– He aquí mi siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él: dictará ley a las naciones. (Isaías 42,1)
– He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. (Mateo 12,18)
– Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salió una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escúchenle. (Mateo 17,5)
– Padre, glorifica tu Nombre. Vino entonces una voz del cielo: Le he glorificado y de nuevo le glorificaré. (Juan 12,28)
Comentario
La escena del bautismo de Jesús de acuerdo con el evangelio de Mateo tiene dos partes. La primera está centrada en un problema muy concreto. El bautismo de Juan era un rito de penitencia y conversión, a fin de obtener el perdón de los pecados. Fue el propio Jesús quien tomó la iniciativa de dirigirse al río Jordán para ser bautizado. Pero Juan Bautista le recordó que no le correspondía, pues el rito estaba destinado sólo a los pecadores. La respuesta de Jesús fue su primera intervención directa según el evangelio de Mateo. Sus enigmáticas palabras “conviene que así cumplamos toda justicia” son una sentencia de sabiduría y señalan la verdadera misión de vida del Mesías. Tanto Juan como Jesús estaban al servicio del cumplimiento del plan salvador de Dios y debían ubicar su acción en la línea de sus promesas. A esto se refiere la expresión “cumplir toda justicia”. La mejor manifestación de esta justicia se encontraba en la presencia del Reino de Dios, que había sido anunciado y preparado por Juan Bautista, que había sido proclamado e instaurado por el propio Jesús y que debía ser continuado por los discípulos de Jesús, hasta alcanzar su plenitud. El bautismo fue, entonces, un gesto solidario de Jesús con todos los pecadores, al asumir sobre sí mismo una situación de pecado que a él no lo afectaba, pero que sí afectaba a todos los demás hombres. Con todo, llama mucho la atención que Mateo haya evitado referirse al hecho del bautismo de Jesús como tal, para centrarse en lo que realmente importaba en ese momento, es decir, en el significado más profundo del gesto.
En la segunda parte de esta unidad del evangelio, Jesús es constituido como Mesías por una intervención especial del Padre y por la donación de su Espíritu. Fue su propio Padre quien le encargó a Jesús cumplir una misión salvadora y fue la unción con el Espíritu Santo la que lo capacitó para cumplir con esta tarea. El gesto solidario de Jesús de compartir la situación de pecado de toda la humanidad tuvo una inmediata reacción de su Padre, quien, por la unción de su Espíritu, lo ratificó como su enviado y lo presentó como su Hijo. Es lo que señaló Pedro en su discurso en casa de Cornelio: “Él envió su palabra a los hijos de Israel, anunciándoles la Buena Nueva de la paz por medio de Jesucristo que es el Señor de todos. Ustedes saben lo que sucedió en Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero; a éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, a los testigos escogidos de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos. Nos mandó que predicásemos al Pueblo, y que diésemos testimonio de que él está constituido por Dios en juez de vivos y muertos.” (Hechos 10,36-42)
En la primera parte del evangelio, Jesús declaró que había hecho de la causa del Padre su propia causa y que estaba dispuesto a cumplir siempre su voluntad. En la segunda parte, el Padre hizo de la causa de Jesús su propia causa y lo reconoció como su propio Hijo.
P. Sergio Cerna, SVD




