Domingo 4° de Adviento: 21 de diciembre 2025
 

Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Vean que la virgen concebirá, dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros. Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y sin haberla conocido ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús. (Mateo 1,18-25)

Referencias bíblicas

– Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y, entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin. María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, porque no hay nada imposible para Dios. Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel, dejándola, se fue. (Lucas 1,26-38)

– Por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue. Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: No teman, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace. Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado. Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho. (Lucas 2,1-20)

– Pero si resulta que es verdad, si no aparecen en la joven las pruebas de la virginidad, sacarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera, porque ha cometido una infamia en Israel prostituyéndose en casa de su padre. Así harás desaparecer el mal de en medio de ti. (Deuteronomio 22,20-21)

– La encontró el Ángel de Yahvé junto a una fuente que manaba en el desierto -la fuente que hay en el camino de Sur- y dijo: Agar, esclava de Saray, ¿de dónde vienes y a dónde vas? Contestó ella: Voy huyendo de mi señora Saray. (Génesis 16,7-8)

– Porque el ángel del Señor se lavaba de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. (Juan 5,4)

– Éste es el que, en la asamblea del desierto, estuvo con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres; el que recibió palabras de vida para comunicárnoslas. (Hechos 7,38)

– El ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. (Lucas 1,35)

– El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. (Lucas 1,30-31)

– ¿Cómo reconoceremos la palabra que no ha dicho Yahvé? Si el profeta habla en nombre de Yahvé, y no sucede ni se cumple la palabra, es que Yahvé no ha dicho tal palabra; el profeta lo ha dicho por presunción. Deuteronomio (18, 21-22)

– Pues bien, el Señor mismo va a darles una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel. (Isaías 7,14)

-Seguirá por Judá anegando a su paso, hasta llegar al cuello. Y la envergadura de sus alas

abarcará la anchura de tu tierra, Emmanuel. Tracen un plan: fracasará. Digan una palabra: no se cumplirá. Porque con nosotros está Dios. (Isaías 8,8.10)

Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el albergue. (Lucas 2,6-7)

Comentario

Mateo comienza su evangelio con una genealogía (1,1-17), en la que Jesús es presentado como hijo de Abrahán y de David y como el Mesías prometido al pueblo y esperado por él. Esta genealogía culmina en la persona de José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. A continuación, viene el anuncio a José del nacimiento de Jesús (1,18-24), en el cual el evangelista explica más detalladamente el origen de Jesucristo. Jesús había sido concebido por obra del Espíritu Santo, pero José había asumido su paternidad legal y le había impuesto el nombre indicado por el ángel del Señor. Las dos escenas siguientes son la aceptación de Jesús de parte de los paganos, representados por los sabios de oriente, y el rechazo de su propio pueblo, representado por Herodes, que provoca la huida a Egipto de la familia de José. A pesar de todas las persecuciones, el mensaje central del texto señala que Jesús salvará a su pueblo. El relato consta de tres partes. Una introducción se refiere a la delicada situación en que se encontraba José por el embarazo de María. Luego, la parte principal narra el anuncio a José de parte de un enviado de Dios, explicándole lo que había sucedido. Finalmente, está la conclusión del relato con el desenlace de la historia.

El matrimonio judío contemplaba dos etapas. Los desposorios generaban un compromiso real entre marido y mujer, aun cuando ellos no habían iniciado el período de convivencia conyugal en la casa del esposo. La escena relatada en el evangelio se ubica entre estas dos etapas. María seguía todavía viviendo en su propia casa y, en esas circunstancias, el relato señala que ella se encontró embarazada por obra del Espíritu Santo. La situación complicó muchísimo a José, de quien se dice que era un hombre justo. Él decidió no dar a conocer lo sucedido a María y abandonar a su esposa en forma privada.

Fue necesaria una intervención especial de Dios, a través de un ángel, para explicarle a José lo que había sucedido realmente con María. Jesús había sido concebido por obra del Espíritu Santo, pero José recibió el encargo de seguir como esposo de María y de asumir como padre del niño que iba a nacer. José aceptó integrarse al proyecto de Dios y colaborar en su realización. En definitiva, será él quien ponga el nombre de Jesús al niño, porque él será el salvador de su pueblo. En lenguaje bíblico, imponer el nombre a un niño significaba tanto como anunciar la vocación y el destino que él debería asumir. El nombre de Jesús viene del mismo Dios, porque formaba parte del plan salvador de Dios para toda la humanidad. El rol de Jesús en el plan de Dios queda claro en la cita del profeta Isaías 7,14 que hace el evangelista Mateo: Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Vean que la virgen concebirá, dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa: Dios con nosotros. Esta cita hace referencia a los dos aspectos más importantes del mensaje central: la concepción virginal y la imposición del nombre Emmanuel. La conclusión del relato señala que José trasladó a su esposa María a su propia casa y que impuso el nombre de Jesús al niño, que ella había dado a luz, sin que él la hubiera conocido.

P. Sergio Cerna, SVD