Domingo 3° de Adviento: 14 de diciembre 2025

Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle: ¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro? Jesús les respondió: Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí! Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: ¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Miren, los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. Entonces ¿a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, les digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará tu camino por delante de ti. En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. (Mateo 11,2-11)

Referencias bíblicas

– Yahvé tu Dios te suscitará, de en medio de ti, de entre tus hermanos, un profeta como yo: a él escucharán. (Deuteronomio 18,15)

– ¡Bendito el que entra en nombre de Yahvé! Los bendecimos desde la Casa de Yahvé. (Salmo 118,26)

– Yo seguía mirando, y en la visión vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido a un ser humano, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. (Daniel 7,13)

– Voy a enviar a mi mensajero a allanar el camino delante de mí, y en seguida vendrá a su templo el Señor a quien ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que tanto desean, ya llega, dice Yahvé Sebaot. (Malaquías 3,1)

– Yo los bautizo con agua en señal de conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. (Mateo 3,11)

– Él confesó, y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. Y le preguntaron: ¿Qué pues?; ¿Eres tú Elías? Él dijo: No lo soy. – ¿Eres tú el profeta? Respondió: No. (Juan 1,20-21)

– Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo; porque rocío luminoso es tu rocío, y la tierra echará de su seno las sombras. (Isaías 26,19)

– Oirán aquel día los sordos las palabras de un libro, y desde la tiniebla y desde la oscuridad los ojos de los ciegos las verán, los pobres volverán a alegrarse en Yahvé, y los hombres más pobres en el Santo de Israel se regocijarán. (Isaías 29,18-19)

– Entonces se despegarán los ojos de los ciegos y las orejas de los sordos se abrirán. Saltará el cojo como ciervo y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo. (Isaías 35,5-6)

– Yo, Yahvé, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes, para abrir los ojos ciegos, para sacar del calabozo al preso, de la cárcel a los que viven en tinieblas. (Isaías 42,6-7)

– El espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto que me ha ungido Yahvé. A anunciar la buena nueva a los pobres me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación y a los reclusos la libertad; a pregonar año de gracia de Yahvé, día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran. (Isaías 61,1-2)

– Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. (Mt 5,3)

– Él extendió la mano, le tocó y dijo: Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra. (Mateo 8,3)

– La gente se maravillaba al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel. (Mateo 15,31)

– Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio. (Mateo 13,57)

– Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo? Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ¿Esto les escandaliza? ¿Y cuando vean al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? (Juan 6,60-62)

– Juan el Bautista se presentó proclamando en el desierto de Judea: Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos. Este es de quien habló el profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas.  Tenía Juan su vestido hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero a su cintura, y su comida eran langostas y miel silvestre. Acudía entonces a él de Jerusalén, Judea y la región del Jordán, y eran bautizados en el río, confesando sus pecados. (Mateo 3,1-6)

– Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos dijeron: Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas. (Mateo 16,13-14)

– Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo el conocimiento de la salvación mediante el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de lo alto, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz. (Lucas 1,76-79)

– Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que te he preparado. (Éxodo 23,20)

– Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. (Marcos 1,2)

– Juan predicó como precursor, antes de su venida, un bautismo de conversión a todo el pueblo de Israel. Al final de su carrera, Juan decía: Yo no soy el que ustedes piensan, sino miren que viene detrás de mí aquel a quien no soy digno de desatar las sandalias de los pies. (Hechos 13,24-25)

– No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien Yahvé trataba cara a cara. (Deuteronomio 34,10)

Comentario

En el discurso apostólico del evangelio de Mateo capítulo 10, Jesús se había presentado claramente ante sus discípulos como el Mesías prometido. En los capítulos siguientes, Mateo se refirió al problema de si la figura que representaba Jesús correspondía a la imagen del Mesías esperado por el pueblo y sus autoridades. Las respuestas a esta cuestión fueron en su mayor parte negativas, pues Jesús experimentó un gran rechazo del pueblo judío. Le enrostraron que su mesianismo era contrario a las promesas de Dios y muy diferente a las expectativas del pueblo. La primera reacción de duda y confusión aparece representada por el propio Juan Bautista, quien encontrándose en la cárcel había escuchado comentarios sobre las actividades de Jesús. Juan había enviado a sus discípulos a preguntar a Jesús si era él el que había de venir o había que esperar a otro.

La respuesta de Jesús se basó en el testimonio mesiánico del profeta Isaías y se refirió a lo que él estaba realizando en bien de los más débiles y necesitados de la época: Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva. De ninguna manera, Jesús aceptó identificarse con la imagen de un Mesías poderoso y triunfador, que era la más común entre la gente. Por el contrario, él se presentó como el humilde siervo de Yahvé, que se preocupaba preferencialmente de los más humildes de la tierra. A ellos él traía de parte de Dios la buena noticia liberadora de que su situación iba a cambiar radicalmente. La conclusión es una bienaventuranza dirigida a los que aceptaban esta imagen aparentemente débil de un Mesías salvador, que quería compartir su destino y misión con los más débiles del mundo: ¡Dichoso el que no se escandalice de mí! De hecho, la persona de Jesús, su mensaje y su acción, había sido motivo de molestia e incomodidad para Juan el Bautista, para los propios discípulos de Jesús y para las autoridades religiosas. El pueblo había participado con entusiasmo en la actuación de Jesús, pues era el principal beneficiado de su intervención salvadora. Sin embargo, la imagen que proyectaba Jesús no calzaba completamente con sus expectativas mesiánicas.

El relato culmina con un apasionado testimonio de Jesús sobre Juan el Bautista, cuando los discípulos de Juan regresaron donde su maestro. Jesús reconoció en Juan a un auténtico profeta, que se puso al servicio del Reino de Dios con mucha fuerza y decisión. De hecho, había sido el mayor de los profetas, pues había aceptado la misión de preparar el camino para la llegada del Mesías, transformándose así en su verdadero precursor. Sin embargo, el discurso termina con la sentencia de sabiduría: En verdad les digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él. La frase no disminuye en nada lo dicho anteriormente sobre el Bautista, sólo quería establecer que con Jesús se había iniciado una nueva y definitiva etapa en la historia de la humanidad. El Reino de Dios había irrumpido con mucha fuerza y era una realidad evidente, a pesar de las resistencias y dificultades.

P. Sergio Cerna, SVD