DOMINGO 1° DE ADVIENTO: 30 DE NOVIEMBRE 2025

Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico

Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la venida del Hijo del hombre. Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. Velen, pues, porque no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también ustedes estén preparados, porque en el momento que no piensen, vendrá el Hijo del hombre. (Mateo 24,36-44)

Referencias bíblicas

– Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Yo se los digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán. (Lucas 17,26-27.34-35)

– Ellos, habiéndose reunido, le preguntaron: Señor, ¿es en este momento cuando le vas a restablecer el Reino a Israel? Él les contestó: No es cosa suya conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad; al contrario, ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. (Hechos 1,6-8)

– Aquel día no habrá frío ni hielo. Será un día único -conocido sólo de Yahvé-: no sucederá la noche al día, pues al atardecer seguirá habiendo luz. Aquel día manarán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad hacia el mar occidental: manarán tanto en verano como en invierno. Y Yahvé reinará en toda la tierra: ¡aquel día será único Yahvé y único su nombre! (Zacarías 14,6-9)

– La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. Dios miró a la tierra y vio que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido acabar con todo viviente, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he decidido exterminarlos de la tierra. (Génesis 6,11-13)

– Será para mí como en tiempos de Noé: como juré que no pasarían las aguas más sobre la tierra, así he jurado que no me irritaré más contra ti, ni te amenazaré. (Isaías 54,9)

– El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos; y con ellos los animales de cada especie, los ganados de cada especie, los reptiles de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados; entraron con Noé en el arca sendas parejas de todos los vivientes en los que hay aliento de vida, y los que iban entrando eran macho y hembra de cada especie, como Dios se lo había mandado. Y Yahvé cerró la puerta detrás de Noé. El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca, que se alzó de encima de la tierra. Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo. Quince codos por encima subió el nivel de las aguas, quedando cubiertos los montes. Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra firme, murió. Yahvé exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta los reptiles y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. (Génesis 7,11-23)

– Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de las fauces del Dragón. (Apocalipsis 12,15-16)

– En lo que se refiere al tiempo y al momento, hermanos, no tienen necesidad de que les escriba. Ustedes mismos saben perfectamente que el Día del Señor ha de venir como un ladrón en la noche. Cuando digan: Paz y seguridad, entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta; y no escaparán. Pero ustedes, hermanos, no viven en la oscuridad, para que ese día los sorprenda como ladrón, pues todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día. Nosotros no somos de la noche ni de las tinieblas. Así pues, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Nosotros, por el contrario, que somos del día, seamos sobrios; revistamos la coraza de la fe y de la caridad, con el yelmo de la esperanza de salvación. (1 Tesalonicenses 5,1-6)

– Velen, pues, porque no saben ni el día ni la hora. (Mateo 25,13)

– Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. Estén también ustedes preparados, porque cuando menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre. (Lucas 12,39-40)

– Estén atentos y vigilen, porque ignoran cuándo será el momento. Al igual que un hombre que se ausenta: deja su casa, da atribuciones a sus siervos, a cada uno su trabajo, y ordena al portero que vele; velen ya que no saben cuándo viene el dueño de la casa, si al atardecer, a medianoche, al cantar del gallo, o de madrugada. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Lo que a ustedes digo, a todos lo digo: ¡Velen! (Marcos 13,33-37)

Comentario

El evangelio forma parte del discurso escatológico que está en los capítulos 24 y 25 del evangelio de Mateo. El tema central de este discurso es la venida del Hijo del hombre y la actitud de vigilancia ante este acontecimiento. Esta recomendación se repite varias veces. El evangelista Mateo combina en su discurso el anuncio de la destrucción de Jerusalén y su templo con el tema del fin del mundo, por eso se llama discurso escatológico. De hecho, su conclusión está constituida por la parábola del juicio final: tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber… (Mateo 25,35) Inmediatamente después, comienza el relato de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. (Mateo 26-28)

El texto del evangelio empieza con una introducción: Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre. Aquí ya se encuentra el motivo por el cual el cristiano debe estar atento y vigilante, esperando la llegada de su Señor. El texto que viene a continuación explica la imposibilidad de calcular el día y la hora de esta venida, porque se trata de algo realmente imprevisible. El conjunto puede dividirse en tres partes: la comparación con el diluvio de Noé (24,37-39), la comparación con una situación de la actualidad (24,40-42) y la parábola del ladrón (24,43-44). Cada una de estas secciones concluye con una observación sobre la venida del Hijo del hombre.

La comparación con el diluvio señala, que en la época de Noé la gente seguía viviendo como era habitual, pero que no habían sido capaces de darse cuenta de lo que estaba por suceder. Las preocupaciones diarias les impidieron hacer una lectura más profunda de los signos de los tiempos. La catástrofe los sorprendió completamente desprevenidos, mientras comían, bebían y se casaban. Dos veces se repite la sentencia: así será la venida del Hijo del hombre, para destacar lo sorpresivo de la venida en medio de las actividades cotidianas y las consecuencias que tendría para el que no se encontraba preparado.

La segunda comparación se refiere, más bien, a situaciones laborales de la época. Dos hombres estarían trabajando en el campo: uno sería tomado, el otro dejado. Dos mujeres estarían moliendo en el molino: una sería tomada, la otra dejada. Las actividades de esas personas podrían haber sido las mismas, pero las actitudes con que las realizaban eran diferentes. De ahí el distinto desenlace. Había que continuar cumpliendo fielmente las tareas diarias, pero sin dejar de considerar lo que estaba más allá de ellas. La conclusión está en la sentencia de sabiduría: Velen porque no saben qué día vendrá su Señor.

La parábola del ladrón insiste en lo repentino e imprevisto de la venida del Señor. El momento era incierto pero seguro y sucedería cuando menos se lo esperaba y en medio de las actividades diarias. Por eso había que vivir la vida de un modo diferente, de modo que no se nos escape lo realmente importante para nuestro futuro. Nuevamente la conclusión es una sentencia de sabiduría: Ustedes estén preparados, porque en el momento que no piensen, vendrá el Hijo del hombre.

P. Sergio Cerna, SVD