Domingo de Corpus Christi: 22 de junio 2025
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Cuando los apóstoles regresaron le contaron cuanto habían hecho. Y él, tomándolos consigo, se retiró aparte, hacia una ciudad llamada Betsaida. Pero la gente lo supo y le siguieron. Él los acogía, les hablaba del Reino de Dios y curaba a los que tenían necesidad de ser curados. Pero el día había comenzado a declinar y, acercándose los Doce, le dijeron: Despide a la gente para que vayan a los pueblos y aldeas del contorno y busquen alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar deshabitado. Él les dijo: Denles ustedes de comer. Pero ellos respondieron: No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta gente. Pues había como cinco mil hombres. Él dijo a sus discípulos: Hagan que se acomoden por grupos de unos cincuenta. Lo hicieron así y acomodaron a todos. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. Comieron todos hasta saciarse. Se recogieron los trozos que les habían sobrado: doce canastos. (Lucas 9,10-17)
Referencias bíblicas
– Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, le siguieron a pie de las ciudades. Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos. Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida. Mas Jesús les dijo: No tienen por qué marcharse; denles ustedes de comer. Le dicen ellos: No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces. Él dijo: Tráiganmelos acá. Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiéndolos, dio los panes a los discípulos y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos. Y los que habían comido eran unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
(Mateo 14,13-21)
– Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino. Le dicen los discípulos: ¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande? Les dice Jesús: ¿Cuántos panes tienen? Ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. Él mandó a la gente acomodarse en el suelo. Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente. Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas. Y los que habían comido eran cuatro mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mateo 15,32-39)
– Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice: Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco. Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero los vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Era ya una hora muy avanzada cuando se le acercaron sus discípulos y le dijeron: El lugar está deshabitado y ya es hora avanzada. Despídelos para que vayan a las aldeas y pueblos del contorno a comprarse de comer. Él les contestó: Denles ustedes de comer. Ellos le dicen: ¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer? Él les dice: ¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver. Después de haberse cerciorado, le dicen: Cinco, y dos peces. Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos sobre la verde hierba. Y se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que se los fueran sirviendo. También repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron. Y recogieron las sobras, doce canastos llenos y también lo de los peces. Los que comieron los panes fueron cinco mil hombres. (Marcos 6,30-44)
– Por aquellos días, habiendo de nuevo mucha gente y no teniendo qué comer, llama Jesús a sus discípulos y les dice: Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto? Él les preguntaba: ¿Cuántos panes tienen? Ellos le respondieron: Siete. Entonces él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. (Marcos 8,1-9)
– Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: ¿Dónde nos procuraremos panes para que coman éstos? Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco. Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos? Dijo Jesús: Hagan que se recueste la gente. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: Recojan los trozos sobrantes para que nada se pierda. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. (Juan 6,5-13)
Comentario
En el relato de la multiplicación de los panes, el evangelista Lucas presenta a Jesús como el que es capaz de alimentar a una gran cantidad de personas y de satisfacer las necesidades más profundas que ellos experimentaban. Con anterioridad, en la escena de las tentaciones en el desierto, Jesús había rechazado decididamente la sugerencia del diablo de convertir las piedras en pan para saciar su hambre, argumentando que no sólo de pan podía vivir el hombre. (Lucas 4,1-4) La actual situación relatada por Lucas es completamente diferente. La gente seguía a Jesús en gran número y él acogía a todos, les hablaba del Reino de Dios y sanaba a los que tenían necesidad de ser curados. Jesús se preocupaba de ellos y satisfacía ampliamente el hambre de pan y de ser acogidos que sentían, ofreciéndoles un alimento abundante, una palabra de vida y una sanación de todos sus males. Además, Jesús había pedido a sus discípulos que fueran ellos los que dieran de comer a la gente. A partir de ahora, en vez de despedir a la gente para que solucionara sus propios problemas, Jesús les encargó a los discípulos que debían preocuparse de atender a la gente, acogerlas con afecto y dedicarse a la misión de compartir sus vidas y necesidades, tal como lo había hecho el mismo Maestro. A lo que habría que agregar un pequeño detalle. La compasión sincera y la preocupación desinteresada de los discípulos por las demás personas harían realmente creíbles y confiables sus palabras y acciones en medio de la comunidad.
Este relato está ubicado en un contexto de tiempo y espacio muy específico. Los apóstoles habían sido enviados por Jesús a anunciar la Buena Nueva del Reino y a curar todas las enfermedades. (Lucas 9,6) Ellos regresaron de su misión y, en un lugar solitario, compartieron con Jesús las experiencias realizadas. Pero, la tranquilidad buscada por el grupo fue interrumpida por la gran cantidad de gente que seguía a Jesús y quería estar con él. El lugar elegido fue Betsaida, una ciudad fuera del territorio del rey Herodes Antipas, quien, por las cosas que había escuchado de Jesús, deseaba encontrarse con él. (Lucas 9,9) La multiplicación de los panes se realizó aparentemente al atardecer, después de una larga e intensa jornada de Jesús en medio de la gente que lo rodeaba. Había sólo cinco panes disponibles para cinco mil personas, es decir, la proporción era de uno a mil. Sin embargo, al final todos quedaron satisfechos y, más aún, con lo que sobró se llenaron doce canastos. Al parecer, la alimentación del nuevo pueblo de Dios que Jesús quería formar estaba asegurada para el futuro. Lo anterior quedaba reforzado por la similitud de la formulación utilizada por Jesús, tanto en la multiplicación de los panes como en la institución de la eucaristía en la última cena. Tomó entonces los cinco panes y los dos peces y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo a la gente. (Lucas 9,16) Tomó luego pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Éste es mi cuerpo que se entrega por ustedes; hagan esto en recuerdo mío. De igual modo, después de cenar, tomó la copa, diciendo: Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre, que se derrama por ustedes. (Lucas 22,19).
P. Sergio Cerna, SVD




