Domingo de la Ascensión del Señor: 1 de junio 2025
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Jesús les dijo: Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Ustedes son testigos de estas cosas. Miren, yo voy a enviar sobre ustedes la Promesa de mi Padre. Ustedes permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos de poder desde lo alto. Los sacó hasta cerca de Betania y, alzando sus manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de postrarse ante él, se volvieron a Jerusalén con gran gozo. Y estaban siempre en el Templo bendiciendo a Dios. (Lucas 24,46-53)
Referencias bíblicas
– Y nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la región de los judíos y en Jerusalén; a quien llegaron a matar colgándole de un madero; a éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse. (Hechos 10,39-40)
– Por aquellos días se presenta Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: Conviértanse porque ha llegado el Reino de los Cielos. (Mateo 3,1-2)
– Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. (Mateo 28,18-20)
– Y les dijo: Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. (Marcos 16,15-16)
– Presentándose en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Lucas 2,38)
– Él les contestó: No es cosa de ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad; al contrario, ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra. (Hechos 1,7-8)
– A este Jesús Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos. Así pues, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo ha derramado; esto es lo que ustedes ven y oyen. (Hechos 1,32-33)
– Y esto para que la bendición de Abrahán llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la promesa. (Gálatas 3,14)
– Y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. (Romanos 5,5)
– En él también ustedes, tras haber oído la Palabra de la verdad, el Evangelio de su salvación, y creído también en él, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es prenda de nuestra herencia, para la redención del pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria. (Efesios 1,13-14)
– Y les daré un corazón nuevo, infundiré en ustedes un espíritu nuevo, quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que se conduzcan según mis preceptos y observen y practiquen mis normas. (Ezequiel 36,26-27)
– Después de esto yo derramaré mi espíritu sobre todo mortal y profetizarán sus hijos y sus hijas, sus ancianos tendrán sueños, sus jóvenes verán visiones. Y hasta sobre siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días. (Joel 3,1-2)
– Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con los signos que la acompañaban. (Marcos 16,19-20)
– El primer librolo dediqué, Teófilo, a todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el principio hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue levantado a lo alto. A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos, les ordenó: No se vayan de Jerusalén, sino aguarden la Promesa del Padre, que oyeron de mí: Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días. (Hechos 1,1-5)
– Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Como ellos estuvieran mirando fijamente al cielo mientras él se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Galileos, ¿por qué permanecen mirando al cielo? Este Jesús, que de entre ustedes ha sido llevado al cielo, volverá así tal como le han visto marchar al cielo. Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que está próximo a Jerusalén, la distancia de un camino sabático. (Hechos 1,9-12)
– Entonces Aarón, alzando las manos hacia el pueblo, lo bendijo. Y, una vez acabados el sacrificio por el pecado, el holocausto y el sacrificio de comunión, descendió. Luego Moisés y Aarón entraron en la Tienda del Encuentro y, cuando salieron, bendijeron al pueblo. La gloria de Yahvé se mostró a todo el pueblo. Salió fuego de la presencia de Yahvé y consumió el holocausto y las partes grasas puestas sobre el altar. Todo el pueblo al verlo prorrumpió en gritos de júbilo y se postró rostro en tierra. (Levítico 9,22-24)
– Entonces él bajaba y elevaba las manos sobre toda la asamblea de los hijos de Israel, para pronunciar con sus labios la bendición del Señor y tener el honor de invocar su nombre. Y por segunda vez todos se postraban, para recibir la bendición del Altísimo. (Eclesiástico 50,20-21)
– Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén. (Lucas 9,51)
– Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho. (Lucas 2,20)
Comentario
Después de abrirles la inteligencia a los discípulos para que comprendieran las Escrituras, Jesús les recordó lo que la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos habían dicho sobre él. Su pasión, su muerte y su resurrección al tercer día correspondían a lo que decían de él las Escrituras, de modo que, desde ahora, había que leerlas desde la persona de Jesús como el Mesías. Esta intervención final de Jesús se justificaba, pues los discípulos, que habían escuchado a Jesús y que habían participado en su acción, no habían llegado a comprender el plan salvador de Dios ni aceptar plenamente a Jesús como su enviado. El perfil de Jesús no coincidía para nada con sus expectativas mesiánicas. Resulta consolador constatar que no sólo nosotros tenemos dificultades de comprensión al leer la Biblia y que aquí Jesús nos ofrece una interesante pista para descubrir el verdadero sentido de ella. A pesar de la grave limitación anterior de los discípulos, Jesús les recordó que ellos habían sido testigos de todo lo que había significado su vida y que ahora les correspondía dar testimonio de esta experiencia a todas las naciones. No se trataba sólo de la resurrección, sino que también del Reino de Dios que Jesús había anunciado con palabras y obras. Jesús había hecho un llamado especial a la conversión para perdón de los pecados, es decir, a un radical cambio de actitud ante la vida, que permitiera enfrentar y superar el mal en todas sus formas. Para que los discípulos pudieran cumplir con esta misión universal y llegaran a ser sus testigos en todo el mundo, Jesús les prometió que les enviaría desde lo alto la luz y la fuerza del Espíritu de Dios.
La primera parte de la conclusión del evangelio se refiere a la acción de Jesús y la segunda a la reacción de los discípulos. Jesús llevó a sus discípulos a Betania, a los pies del monte de los Olivos, que fue el lugar de diálogo con su Padre y desde donde entró en Jerusalén, y que será también el lugar de la ascensión al cielo. En el centro del relato aparece dos veces Jesús dando su bendición de despedida a sus discípulos. Durante la segunda bendición, Jesús se separó de ellos y fue llevado al cielo. La reacción de los discípulos ante este acontecimiento fue de postrarse, en una actitud característica de adoración a Dios y de alabar continuamente a Dios en el templo por todo lo sucedido. En el centro de esta sección, está la gran alegría que experimentaron los discípulos. Ellos habían recibido una doble bendición de Jesús, ahora ellos bendicen agradecidos a Dios por su enviado Jesús y por haber podido participar tan de cerca en su misión salvadora. La bendición del Señor resucitado es el signo de que Jesús los acompañará desde ahora en sus vidas, de un modo muy especial. Esta experiencia de fe será también el signo distintivo de todos los discípulos que se han comprometido en el seguimiento de Jesús. Seguir a Jesús en la actualidad puede llegar a significar un sorprendente modo nuevo de vivir la vida. Él ya lo había anunciado: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Juan 10,10) Yo les he dicho esto, para que mi alegría esté en ustedes y su felicidad sea plena. (Juan 15,11) Jesús realizó en presencia de los discípulos otros muchos signos que no están escritos en este libro. Éstos han sido escritos para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su nombre. (Juan 20,30)
P. Sergio Cerna, SVD




