Domingo 8° del año: 2 de marzo 2025
Nueva reflexión sobre el Evangelio dominical de nuestro especial bíblico
Les añadió una parábola: ¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo, ¿si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca. (Lucas 6,39-45)
Reflexiones bíblicas
– Déjenlos: son ciegos y guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo. (Mateo 15,14)
– No está el discípulo por encima del maestro, ni el siervo por encima de su amo. Ya le basta al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su amo. Si al dueño de la casa le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más a sus empleados! (Mateo 10, 24-25)
– En verdad, en verdad les digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. (Juan 13,16)
– Acuérdense de la palabra que les he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también los perseguirán a ustedes; si han guardado mi palabra, también guardarán la de ustedes. (Juan 15,20)
– Supongan un árbol bueno, y su fruto será bueno; supongan un árbol malo, y su fruto será malo; porque por el fruto se conoce el árbol. Raza de víboras, ¿cómo pueden ustedes hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. (Mateo 12, 33-35)
– Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de las zarzas? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. (Mateo7, 16-18)
Comentario
Estas tres parábolas forman parte de la conclusión del discurso de Jesús sobre el Reino de Dios que había comenzado con las cuatro bienaventuranzas y las cuatro lamentaciones. La primera parábola trata sobre el guía ciego que empieza con dos preguntas. A la primera pregunta: ¿Puede un ciego guiar a otro ciego? habría que responder negativamente. A la segunda pregunta: ¿No caerán los dos en un pozo? habría que responder positivamente. Luego viene la explicación de la parábola. El discípulo no puede ponerse por encima de su maestro ni puede pretender ser un guía de otras personas. Solo podrá serlo cuando haya concluido su correspondiente instrucción.
La segunda parábola trata sobre la paja y la viga en el ojo tiene también dos preguntas estrechamente relacionadas. No es adecuado fijarse en la paja que hay en el ojo de otra persona y querer sacarla, cuando uno mismo no ve ni quiere sacar la viga que tiene en el propio ojo. Lo que corresponde es sacar primero la viga del propio ojo para después sacar la paja en el ojo del hermano.
La tercera parábola trata sobre el árbol y sus frutos. Cada árbol se reconoce por sus frutos.
Porque no hay árbol bueno que produzca frutos malos ni hay árbol malo que produzca frutos buenos. A continuación, se dan ejemplos de algunos árboles y arbustos y sus correspondientes frutos: higos, uvas, espinos y zarzas. Todos los árboles y arbustos tienen frutos, pero son muy diferentes entre ellos. La aplicación de la parábola es la siguiente: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Las palabras y las acciones de una persona manifiestan su bondad o maldad interior. La conclusión es una sentencia de sabiduría: Porque de la abundancia del corazón habla la boca.
P. Sergio Cerna, SVD




